Luego de casi, diez u once años, si mal no recuerdo, vuelvo al teatro Caliban a ver una obra de Norman Briski en el barrio de San Cristobal, Montserrat. ¡Que grandiosos recuerdo caminar por la calle México y San José! y esperar a que las puertas se abran para entrar a las clases de teatro aquellos años pasados. Tanto tiempo ha pasado desde la última vez que la adrenalina me sube por las piernas como en esos años. Todo esta igual. El mismo clima pero con baños nuevos y una cartelera gigante y poemas escritos en la pared que antes no estaban. Me gusta volver a verme ahí dentro luego del último adiós de mi parte y la renuncia a todo ese mundo teatral que deteste y aborrecí por muchos años. Pero ahora ya estoy en paz. Hace años que he hecho las paces y puedo concurrir tranquilamente a ver nuevas obras de teatro y pasármela bien. Movilizarme. Tener nuevas ideas. La obra en cuestión se llama: “No te vayas con amor o sin el”. Titulo sugerente para mi condición emocional eterna. Es una obra interesante que muestra varios aspectos de las relaciones de dependencia y poder entre dos personas, entre dos clases, entre dos seres humanos. Una obra completamente Briskiana y delirante en ese punto inigualable que crea Norman con palabras infinitas que nos dejan preguntándonos una y otra vez que hacer con el deseo y con el vacío. ¡Como organizar el deseo! Me ha quedado grabada para siempre en el centro de mi memoria. He oído sus palabras una y mil veces en mi adolescencia y hoy puedo decir que realmente ha hecho un printing en mi vida su persona, mi maestro preferido; a quien abrasé fuerte, Norman Briski. En fin, se las recomiendo a todos los que quieran ingresar en otros universos, en el de los propios demonios. Luego el final y los aplausos donde me emociono casi siempre con los aplausos al ver las caritas de los actores que dejan su alma sobre las tablas. Y la obra termina y a mi el titulo me queda orbitando en la cabeza y llego a la conclusión que ya he superado esa etapa en donde no soportaba que alguien se vaya, con amor o sin el, pero que se vaya. Lo entiendo perfectamente, pero ahora prefiero que se vayan y tener la libertad de la libertad. Atravesar el vacío y construir desde allí. Desde un nuevo espacio virgen. Siempre hay espacios vírgenes para llenar y construir y a mi eso me fascina. Por lo pronto, me quedare un tiempo mas en Buenos Aires disfrutando de la creatividad que me brinda esta ciudad loca que amo y mientras tanto mi amor B vive un summer wine eterno en Koh Tao (isla a la que pienso visitar cuando visite el suroeste asiático) y nos vamos viendo virtualmente y escribiéndonos propuestas indecentes y lujuriosas todo el tiempo. La vuelta será entre tiburones y cochas? Aun no lo sabemos. Lo que si sabemos que nuestro amor sigue latiendo letalmente al ritmo del tsunami…
11/4/11
No te vayas con amor o sin el
Luego de casi, diez u once años, si mal no recuerdo, vuelvo al teatro Caliban a ver una obra de Norman Briski en el barrio de San Cristobal, Montserrat. ¡Que grandiosos recuerdo caminar por la calle México y San José! y esperar a que las puertas se abran para entrar a las clases de teatro aquellos años pasados. Tanto tiempo ha pasado desde la última vez que la adrenalina me sube por las piernas como en esos años. Todo esta igual. El mismo clima pero con baños nuevos y una cartelera gigante y poemas escritos en la pared que antes no estaban. Me gusta volver a verme ahí dentro luego del último adiós de mi parte y la renuncia a todo ese mundo teatral que deteste y aborrecí por muchos años. Pero ahora ya estoy en paz. Hace años que he hecho las paces y puedo concurrir tranquilamente a ver nuevas obras de teatro y pasármela bien. Movilizarme. Tener nuevas ideas. La obra en cuestión se llama: “No te vayas con amor o sin el”. Titulo sugerente para mi condición emocional eterna. Es una obra interesante que muestra varios aspectos de las relaciones de dependencia y poder entre dos personas, entre dos clases, entre dos seres humanos. Una obra completamente Briskiana y delirante en ese punto inigualable que crea Norman con palabras infinitas que nos dejan preguntándonos una y otra vez que hacer con el deseo y con el vacío. ¡Como organizar el deseo! Me ha quedado grabada para siempre en el centro de mi memoria. He oído sus palabras una y mil veces en mi adolescencia y hoy puedo decir que realmente ha hecho un printing en mi vida su persona, mi maestro preferido; a quien abrasé fuerte, Norman Briski. En fin, se las recomiendo a todos los que quieran ingresar en otros universos, en el de los propios demonios. Luego el final y los aplausos donde me emociono casi siempre con los aplausos al ver las caritas de los actores que dejan su alma sobre las tablas. Y la obra termina y a mi el titulo me queda orbitando en la cabeza y llego a la conclusión que ya he superado esa etapa en donde no soportaba que alguien se vaya, con amor o sin el, pero que se vaya. Lo entiendo perfectamente, pero ahora prefiero que se vayan y tener la libertad de la libertad. Atravesar el vacío y construir desde allí. Desde un nuevo espacio virgen. Siempre hay espacios vírgenes para llenar y construir y a mi eso me fascina. Por lo pronto, me quedare un tiempo mas en Buenos Aires disfrutando de la creatividad que me brinda esta ciudad loca que amo y mientras tanto mi amor B vive un summer wine eterno en Koh Tao (isla a la que pienso visitar cuando visite el suroeste asiático) y nos vamos viendo virtualmente y escribiéndonos propuestas indecentes y lujuriosas todo el tiempo. La vuelta será entre tiburones y cochas? Aun no lo sabemos. Lo que si sabemos que nuestro amor sigue latiendo letalmente al ritmo del tsunami…
25/1/11
Pausa
Llevo más de un mes pensando. ¿Para que escribir? ¿Para que la acción? Diría Simone de Beauvoir. En este caso para drenar o trasladar al papel algunas letras que cobran un sentido o puramente me alegran a mi misma cuando veo las carillas infladas con sentimientos, por que esta claro, que este blog, solo habla de ellos, de mis sentimientos. Y si tuviera que narrarlo todo con un orden cronológico diría que hace un mes atrás estaba en Marruecos calándome los huesos y secándome las lagrimas en la chaqueta de una amiga. Estaba visitando tumbas sadies para olvidar alguna momia. Estaba dando vueltas en calesa o caballo atravesando toda la medina antigua y también diría que me quede con muchas ganas de dormir en el desierto bajo las estrellas.
Pero vamos… ¿A quien se le puede ocurrir ir al desierto en pleno invierno? Esta claro, que en otra ocasión, iré directo a observar el infinito y perderme en el. Y luego pase por Madrid otra vez y todo era de colores y navideño. Todo era alegre para la mayoría de sus habitantes, pero claro, para mi, era una gran farsa estar allí con el corazón partio.
He vuelto a tener noticias de B. En todo ese mes, no ha parado de buscarme. Primero con mensajes ocultos. Luego revisando mis cuentas. Luego con el odio y a lo último, acudió al amor. Pero pese a todo y con millones de lágrimas en los ojos, he podido subirme a un avión con destino a Buenos Aires. Y aquí estoy ahora, entre familia, volviendo un poco al pasado de mi vida, pero en un estado activo y divertido intentando proyectar otra historia. Algo nuevo. Algo diferente o quizás mas de lo mismo pero de otra manera. Y mis días, de momento, trascurren apaciblemente saliendo a cenar con mi hermanito y su novia, cortándole las uñas de los pies a mi nona de ochenta y ocho años, arreglando mi casa y pasando las tardes con mi padre en el botánico mirando los gatos y disfrutando de Buenos Aires y su noche, que por cierto, es la mejor noche del mundo. Y entonces a quien le puede interesar si yo baño a mi perro o si me paso tardes enteras en el casino jugado al Quick Hits o a la ruleta. En fin mi vida esta tranquila, sin grandes sobresaltos, reponiéndome y recuperándome de alguna forma. Y a pesar del gran esfuerzo que hago por olvidarme de B, en el fondo, se que es imposible. Se que volveremos a vernos. Y la pasión nos volverá a noquear y así transcurriremos nuestra vida, entre pasiones, hasta que alguno de los dos de el paso definitivo. Yo no lo he dado, lo mió ha sido puro placebo. Sueño con sus hombros cada noche y me abrazo a su cuerpo. Y me había ilusionado mucho con su propuesta de marcharme con el a Tailandia, y con su idea mas firme de tener una familia, pero por algo, aquí estamos, yo en América, esperando crecer y el en Asia otra vez…
20/12/10
Rezo por Vos
Estoy en Marrakech. La ciudad roja. La ciudad loca. La ciudad mística y mítica. La ciudad rápida y atiborrada de transeúntes con sus velos, algunos descalzos, otros pasean gallinas en carritos, otros pasean carritos con mandarinas y plátanos. Otro te grita, te llama, te ofrece el mundo, para luego regateártelo. Otro te invita a su tienda y te dice: solo mira. Solo mira. Y luego suelta el ¿Cuánto? ¿Cuánto? Tu le dices, ochenta, el te dice, cien, tu le dice adiós, el te dice ¿Cuánto? ¿Cuánto? Tú le dices sesenta. El te dice, ochenta y así nos pasamos minutos, hasta que la oferta cae y te llevas unas babuchas por cuarenta Dirhams o cuatro euros y así es la vida en la medina cada día y a cada hora. La venta. Le venta. El sabor. El pasar a sus tiendas. Los días de ferias. El mercado bereber. La lana de las ovejas. La plantita de menta en la nariz para no morirte de asco por el olor de la carne al aire libre sin nevera y de las gallinas en jaulas una detrás de otra. Y las moscas. Y los burros. Y las motos que te esquivan a la perfección una detrás de otra. Y así es Marrakech, con la oración cada mañana en la Mesquita y sus millones de oradores, levantan el murmullo que podría derribar cualquier muro. Y la ciudad y su muro rojo. Y las mesquitas solo para los islamitas. Ningún turista puede entrar. Y yo rezo por vos en mi mente. Le rezo a la meca. Y peregrino por mi sueño contigo. Sueño roto. Sueño abandonado de momento. Y de la Mesquita Koutoubia al jardín de la menara y su avenida Mohamed V y el palais Badii y las tumbas sadadiens y el hotel Mamounia y su casino y el casino Sadie y los jardines Majorelle y la ruta del oasis con sus palmeras y camellos y canchas de golf y el souk de los cueros, y el souk de las babuchas y los famosos hamman o baños públicos y el cus- cus y la pobreza en su máxima expresión y los locos sueltos sin casas sin almas, entregados a la vida loca y sus noches con whiskys berebere y sus rituales. Aquí estoy en Marruecos intentando olvidar el ayer, antes de ayer y el mañana. Intentando que me cambien por doscientos cincuenta camellos y marcharme al desierto de Sahara y dormir infinita sobre la arena bajo una tormenta. Aquí estoy llorando por que la pena es muy grande en una ciudad así, con sus anónimos y llenos de valentía, habitantes. La vida no vale nada. Todo se regatea. Y la turista italiana mira con asco los puestos de comida donde hay carne sin heladeras, cus cus, sopas del día, langostinos e infinidad de platos. Y la parte nueva de la ciudad es rica, totalmente, con sus bares de diseño, sus mega hoteles como el SofiTel y tiendas de sushi. La parte nueva no huele a la Medina. No huele a pobreza. No huele a tristeza. En fin, pasar por esta ciudad no puede ser indiferente para nadie. Es una ciudad llena de luz, de arquitectura, de historia, gente y olores. Cerca del desierto de Sahara y de las montañas del Atlas y sus mil y una noches que nunca acaban. Invierno. Feliz en mi Riad con plantas y pipas para fumar y techo descubierto y jardín debajo en la capital del antiguo imperio marroquí.
“De primeras te extraña y después te entraña”.
Fernando pessoa sobre Marrakech.
19/12/10
Todos los caminos empiezan y terminan en Djemma El Fna
Luego de idas y venidas e indecisiones mentales. Cojo un vuelo a Marruecos con una amiga. El destino suena más que interesante: Marrakech. África. Calor. Cultura diferente. No europeos. No rules. Al salir del aeropuerto de la Menara la sensación es única e indescriptible. Es de noche y a lo lejos, todo parece seco. Seco y rojizo. Lo primero que debemos afrontar es el trayecto hacia el centro de la ciudad. En la calle, una fila de taxistas se pelean y discuten precios con los pasajeros absortos. Nos dirigimos a la parada del bus y se acerca un taxista e intenta iniciar el regateo. Nos dice por ciento veinte dirhams al centro. Nos miramos y le decimos sesenta. Dice que no. Que es muy poco. Una fila de taxis Mercedes Benz prenden las luces. Y otra vez continua con el regateo y al final cerramos por noventa entre tres personas. Mi amiga y yo, y un australiano desorbitado que esperaba en la parada al lado nuestro. Durante el trayecto quedamos pasmados. Todo parece seco y árido y rojo. El tráfico se nota caótico. Las calesas y sus caballos, las motos a toda pastilla, las bicicletas, los taxis pitando el claxon. Todo el mundo toca el claxon en todo momento y a cualquier hora. El taxista es simpático. Dice “OH Arshentina” “Messi, Maradon”, la típica representación. Pues si. Messi, Maradona, dulce de leche, bla, bla. En menos de treinta minutos llegamos a la plaza Djemma El Fna. Al bajar del taxi a cien metros de la plaza, el ritmo del tiempo cambia completamente. Hay una locura en el aire. Una aceleración máxima. Una vibra paranoica y frenética. La vida en una velocidad sin igual. Un tiempo como de otro siglo y muy moderno a la vez. Una plaza con sabores y olores inigualables. Con caballos y látigos. Serpientes encantadas. Juglares. Monos con pañales asustados. Tiradoras del tarot en Frances con doblaje a un español confuso. Vendedores de frutos secos. Zumos de naranjas de los más ricos que probé en mi vida a cuatro céntimos el vaso. Comerciantes rateros que venden imitaciones de las mejores marcar del mundo. Anteojos por doquier. Puestos de comidas. Las mujeres con sus velos. Los hombres con sus ansias. Turistas perdidos. Hombres mirando la nada. Hombres con gallinas en la cabeza. Islamitas crazy. Borrachos que danzan y la gente los aplaude. Niños insistidotes que dicen “no guía” y te acompañan hasta el fin del mundo. Tradiciones árabes. Vamos, un terremoto visual para el recién llegado de la cuidada y perfecta Europa sin huellas. Europa no tiene huellas. África esta sucia de las huellas. La gente vive. Vive. Solo vive al cien por ciento. Todo es necesidad y apremio. Oferta y demanda. Supervivencia al baile del regateo. Babuchas. Chaquetas. Teteras árabes y sus te de menta. El tiempo no existe. Vuela. Se vive. Se consume en un instante toda una vida. Vaya locura de sitio. Hola: ¿Italiana? ¿Española? ¿Mariah? Eres bienvenida. Bienvenida. Bienvenida. Bienvenida. Bienvenida a Marrakech, la ciudad roja…
10/12/10
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Camino por Madrid en tu compañía. Mi mano en tu cintura, copiando a tu mano en la cintura mía, a paso lento… canta Jorge Drexler mientras yo camino por Madrid sin tu mano en mi cintura y sin copiar a tu mano en la cintura mía, a paso firme, intentando olvidarte aunque no quiera pero deba. Olvidarte son los clavos de Jesús incrustando mi sien. Olvidarte no es posible en esta vida. El olvido no es posible. Tu rostro no es posible. El mío sin el tuyo tampoco. Cuanto amor. Cuanto odio. Cuanta maldad. Cuanta bondad. Cuanta droga. Cuanto mal. ¿Cuántas vidas a tu lado? ¿Cuanto tiempo mas llevara esta condena? La gente se esconde o apenas existe y yo ahora no me escondo, pero tampoco existo. No existo más que para vos. Que para vos en mí y de mi estoy lejos. A muchos kilómetros de mí. Me he dejado abandonada como a ti. Madrid es helado. Tu voz corroe mi mente. Sueño con tu abrazo en mi cuerpo y duermo sonriendo. Me despierto y la vida es una pesadilla nuevamente. No quiero más pesadillas sin ti y la Gran Vía esta atiborrada de gente. Y en Sol no encuentro más que sombras de los miles de transeúntes que caminan por aquí. Y los bares me dan asco. Y la superficialidad de los españoles me desespera. Y no encuentro una mierda. Y entro a un bar y es todo jaleo y ruidos y gritos. La gente no se escucha ni se entiende. Todo es divertido para el resto. Yo no soy de este planeta. Nada me viene bien. A todo le falta algo. Nada me satisface. Solo tus brazos. Solo tu cuerpo. Solo tu mirada celeste del mar de Formentera. Y todo eso se ha acabado. Ese sueño se ha trillado. Y nuestros destinos vuelven a separarse. Nuestros cuerpos en llamas vuelven a apagarse, anularse. El sueño termino. El sueño no llego. El sueño no llega. Y Madrid me espera. Y los días no tienen horas. Y el día es igual a la noche y la noche al día. Y la magia se ha ido. Y los segundos son siglos. Y los siglos una promesa. Y tu odio y tus gritos me envenenan. No quiero que me odies amor. Y camino por Tirso de Molina y todo esta oscuro. Y me encierro en una urbanización. Y los pisos son todos iguales. Y la gente no deja huellas. La gente no existe. El otro. El otro no existe. Yo no lo veo. Ojala pudiese volver a mirarlo…
6/12/10
La Huida
Con dos cojones, una maleta repleta, el ordenador colgado de mis hombros y mi corazón hecho trizas he huido de Barcelona, la fría ciudad condal. Luego de darle mil quinientas vueltas al tema, he decidido, en silencio estéril, abandonar a B y a todo este entorno maligno. Por primera vez en años de idas y vueltas y de vueltas e idas, he dado un pequeño primer paso. No se si será el paso definitivo, pero creo que es una decisión muy acertada en este momento. No podía seguir respirando al lado de un adicto mentiroso negador viendo la vida pasar, en un lugar expectante. No podía seguir esperando la revolución. Ni un cambio por que ese cambio no llegara de momento ni en quince días ni en un mes. Ese cambio llevara años de tratamiento y de momento no existe la minima señal de que eso suceda. Y la vida loca a su lado, ya no me enloquece; me entristece. Es un viernes helado, un viernes de principios de diciembre. Con algunos rayos de sol, la gente camina contenta por la calle y compra regalos de navidad. Sin despedirme de nadie, ni siquiera de B, dejo la montaña de El Carmel, me voy a la estación del Nord y me compro un billete con destino a Madrid. Tengo ganas de perderme en la ruta. De viajar horas y mirar el pasado por la ventana. Tengo el corazón y la cabeza muy confusos. Todo es caótico. Caótica V. Quiero pensar y quiero dejar de hacerlo. No hacerle mas caso a la mente. No controlar más los pensamientos. Quiero que se esfumen. Que se hagan viento, humo, cenizas. Quiero retener el mejor pasado, pero no puedo, el pasado se ha ido y el presente me tira una y otra vez hacia las cuerdas de mi vida. No puedo dejar de pensar ni un segundo en B. En nuestros destinos. Me subo al autobús a la una del mediodía y lo imagino en la ducha cantando o haciendo el llanto del bebe malo y quiero morirme literalmente por no estar a su lado. Quiero desaparecer y tener amnesia o dormirme abrazada a su cuerpo cuatrocientas horas. Pero ya esta. Ya no puedo seguir dándome oportunidades en el musgo. Ya no puedo seguir jugando en terrenos no fértiles. Es el o yo. Vivir mi vida o la suya. B o V. Supongo que estoy intentando crecer. Hacerme fuerte sola. Cambiar el rumbo. Cambiar para sentirme viva…
2/12/10
Primer intento
Al mirar por la ventana, veo un cielo gris, gris claroscuro y nubes que lo invaden de la misma manera que mis pensamientos invaden mi mente atormentada que no se desatormenta. Las ventanas dan a un vacío. Es un vacío parcial. Nada definitivo. ¿El vacío tiene tiempo y espacio o es siempre definitivo? Un vacío confuso de momento. Las ventanas también dan a la biblioteca Juan Marse, en el barrio con montaña, El Carmel. Es una biblioteca que me gusta mucho. Tiene cuatro pisos repletos de libros de lo que se te ocurra y mucha música y muchas películas y sillones acogedores para poder mirarlas. Las bibliotecas de Barcelona siempre me acompañan en momentos de vacío. Me reconfortan. Aunque la idea de una biblioteca es tremenda. Es triste. Los libros son tristes y se ponen amarillos y no llenan mi vacío. Quizá lo entretienen, pero ni siquiera eso. Digamos que lo reconfortan. Vacío confortable en bibliotecas. Vació poético. Vacío en versos. Vacío en renglones. En palabras, en comas. Vacío en puntos suspensivos. La ciudad no me tiende sus brazos. Apenas me da la mano. Barcelona esta ahí, esta aquí, quizá sea yo la que no puede verla mas allá de una puta letra. La segunda letra del abecedario. Me gustaría poder ver Barcelona nuevamente. Sentarme en sus bares y perderme entre la gente. Escribir y escribir y retomar el sentido. Pero por alguna extraña ciega obsesión, no puedo. Ya no hay deslumbramiento posible. Al menos por ahora. He perdido la ilusión con todas las letras del abecedario. Solo me he quedado con una y pensándolo así, con una letra no se puede escribir ninguna palabra y mucho menos una historia. Una letra es un símbolo y yo solo busco un símbolo de paz. Barcelona. Boris. Buenos Aires. Bastardo. Bienvenido. Bonanza. Brillante. Buenafuente. Beatles. Los días se hacen largos y el tiempo no para cuando no estas a mi lado. Pero esta vez intentare dejarte ir…
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