25/2/10

SOLEDAD


La soledad siempre estuvo presente entre los dos. La tuya y la mía por separado. La tuya y la mía juntas. El pretender de todas formas, ser parte de tu soledad. El hacerme amiga de esta, ahuyentarla y molerla a golpes. Me acuerdo con infinita tristeza y enorme melancolía, las veces que me dejaste sola y que te deje solo. Como esta. Ya hubo otras. Otras soledades compartidas. Recuerdo con conmoción intacta aquel verano que nos conocimos en aquella isla del color de tus ojos y sobre todo la ultima tarde que pasamos juntos en tu casa de Mitjorn prometiéndonos un futuro inmediato encuentro en la ciudad. Y por esas casualidades que ofrece la vida, esa misma noche te encontré derribado sobre un banco en la plaza de San Ferran y te recogí como pude y te lleve a mi casa, te saque la ropa y te acosté en mi cama mientras que con un lápiz rojo te escribía una carta revelándote todos mis planes contigo y tu dormías o soñabas y cuando se hicieron las cinco de la mañana te despertaste y me rogaste por favor que no me fuera, que me quedara contigo y con todo el dolor del mundo te dije adiós y a las seis de la mañana me subí al barco que me llevaba hacia Ibiza y en toda esa demencia de conocerte, ya te estaba abandonando, dejándote solo en esa cama, dejándote solo en tu isla, dejándote en la mas dominante y aguda soledad. Y me fui. Pero para volver. Y en otra ocasión, unos años después, al regresar de Roma, con todas las ansias de tenerte entre mis brazos y degustarte, corrí hasta tu casa que todavía no era mi casa y te golpeé la puerta hasta sangrar la mano y no logré que la abras, y allí estabas, detrás de esa puerta, oyendo mis llantos y plegarias y aun así, no la abrías y entonces te deje la caja de bombones que te había traído y una camiseta de Leonardo Da Vinci, en una bolsa sobre tu puerta y una carta y me fui fragmentada del dolor sintiéndome muy sola como me siento ahora. Y la soledad otra vez se interpuso entre nosotros. La distancia como esfera común y la libertar para marchar, la libertad para enclaustrarse, ambos supimos construir. Y las veces que me fui de Barcelona dejándote solo en ese piso con todas nuestras cosas y las veces que te fuiste de Formentera dejándome sola con todo nuestro universo y en el presente otra huida, otra fuga, otra escapatoria y entonces otra vez la soledad…
Esto no puede ser real. Menos mas que esta nublado…

1 comentario:

safir dijo...

una historia triste , un sentimiento comun en los seres humanos es la soledad y el dolor de abandonar ha alguien que te ruega le des tu mano , que desde el abismo te grita te quedes a tu lado... que te nesecita no seas tan sordo para no oir el grito de sus ojos porque lo contrario del amor no es el odio es la indifirencia ............