
La soledad siempre estuvo presente entre los dos. La tuya y la mía por separado. La tuya y la mía juntas. El pretender de todas formas, ser parte de tu soledad. El hacerme amiga de esta, ahuyentarla y molerla a golpes. Me acuerdo con infinita tristeza y enorme melancolía, las veces que me dejaste sola y que te deje solo. Como esta. Ya hubo otras. Otras soledades compartidas. Recuerdo con conmoción intacta aquel verano que nos conocimos en aquella isla del color de tus ojos y sobre todo la ultima tarde que pasamos juntos en tu casa de Mitjorn prometiéndonos un futuro inmediato encuentro en la ciudad. Y por esas casualidades que ofrece la vida, esa misma noche te encontré derribado sobre un banco en la plaza de San Ferran y te recogí como pude y te lleve a mi casa, te saque la ropa y te acosté en mi cama mientras que con un lápiz rojo te escribía una carta revelándote todos mis planes contigo y tu dormías o soñabas y cuando se hicieron las cinco de la mañana te despertaste y me rogaste por favor que no me fuera, que me quedara contigo y con todo el dolor del mundo te dije adiós y a las seis de la mañana me subí al barco que me llevaba hacia Ibiza y en toda esa demencia de conocerte, ya te estaba abandonando, dejándote solo en esa cama, dejándote solo en tu isla, dejándote en la mas dominante y aguda soledad. Y me fui. Pero para volver. Y en otra ocasión, unos años después, al regresar de Roma, con todas las ansias de tenerte entre mis brazos y degustarte, corrí hasta tu casa que todavía no era mi casa y te golpeé la puerta hasta sangrar la mano y no logré que la abras, y allí estabas, detrás de esa puerta, oyendo mis llantos y plegarias y aun así, no la abrías y entonces te deje la caja de bombones que te había traído y una camiseta de Leonardo Da Vinci, en una bolsa sobre tu puerta y una carta y me fui fragmentada del dolor sintiéndome muy sola como me siento ahora. Y la soledad otra vez se interpuso entre nosotros. La distancia como esfera común y la libertar para marchar, la libertad para enclaustrarse, ambos supimos construir. Y las veces que me fui de Barcelona dejándote solo en ese piso con todas nuestras cosas y las veces que te fuiste de Formentera dejándome sola con todo nuestro universo y en el presente otra huida, otra fuga, otra escapatoria y entonces otra vez la soledad…
Esto no puede ser real. Menos mas que esta nublado…
Esto no puede ser real. Menos mas que esta nublado…
1 comentario:
una historia triste , un sentimiento comun en los seres humanos es la soledad y el dolor de abandonar ha alguien que te ruega le des tu mano , que desde el abismo te grita te quedes a tu lado... que te nesecita no seas tan sordo para no oir el grito de sus ojos porque lo contrario del amor no es el odio es la indifirencia ............
Publicar un comentario